Mito 1: “La grasa se endurece como consecuencia de hacer ejercicio”.
Realidad: la grasa es un tejido que no cambia su consistencia con el ejercicio.
Mito 2: “La grasa se puede convertir en músculo”.
Realidad: la conversión de tejidos es imposible. El volumen muscular aumenta como resultado de estímulos, y la grasa se disminuye como consecuencia del ejercicio.
Mito 3: “Las abdominales quitan la grasa del abdomen”.
Realidad: las abdominales sólo fortalecen los músculos de la zona. Nadie puede decidir de dónde consumir grasa. Este combustible se consume conforme a información genética.
Mito 4: “Los masajes y fajas disminuyen la grasa”.
Realidad: la grasa es un combustible y se tiene que utilizar para consumirlo; masajearlo, o apretarlo con fajas, no favorecerá su consumo.
Para elegir el tipo de ejercicio más adecuado para evitar la acumulación de grasa - y el consecuente sobrepeso -, debemos entender cómo funcionan las fuentes de energía en el ser humano.
Una manera sencilla de entenderlas es imaginando una estación de gasolina donde existen diferentes tipos de combustible. Un tipo de combustible son los carbohidratos, otro las grasas y otro más, las proteínas. Cunado una persona se ejercita, las tres fuentes de energía actúan al mismo tiempo. Es decir, no existe un interruptor que ponga a funcionar o apague ninguna de ellas. Sin embargo, dependiendo de la forma como se realice el ejercicio, puede haber una predominancia en el uso de cierto tipo de combustible.
Si lo que se pretende con el ejercicio es disminuir el porcentaje de grasa y evitar, con ello, el sobrepeso, se debe realizar ejercicio aeróbico o cardiovascular. De esa forma se utilizarán principalmente las grasas como combustible. Para poder etiquetar un ejercicio como aeróbico, debe de tener las siguientes características: constancia, ritmo, moderada intensidad y tiempo prolongado.
Por constante debe entenderse que sea un ejercicio continuo, sin detenerse. Rítmico significa que el movimiento lleve cierto compás, sin acelerarse ni alentarse demasiado.
Moderada intensidad es aquella en la cual la persona se siente estable y cómoda. En general, se refiere a alcanzar entre el 60 y el 80 por ciento de su máxima intensidad. Para detectarla, la persona se debe sentir confortablemente agitada y su frecuencia cardiaca no se debe disparar. De esta manera, el ejercicio se puede realizar durante más tiempo. En cambio si se hace un ejercicio muy intenso, difícilmente se podrá realizar por tiempo prolongado y la fuente predominante de energía serán los carbohidratos y no las grasas.
La regla general para decir que un ejercicio se realiza por tiempo prolongado es que dure más de 20 minutos. No quiere decir que si se hace por menos tiempo no se utilice la grasa como combustible, si no que así esta fuente de energía optimiza su uso. Lo más recomendable es hacer entre 40 y 60 minutos de ejercicio, cinco veces por semana.
Como ejemplo de ejercicio aeróbico están las caminatas rápidas, trotes, carreras, saltos de cuerda y montar en bicicleta al aire libre. O bien, todos los ejercicios realizados en las maquinas llamadas cardiovasculares, como caminadoras, remadoras, escaladoras y bicicletas. La natación también, siempre y cuando cumpla con las características del ejercicio aeróbico. No así ejercicios como el tenis, el basquetbol, el futbol o el béisbol; o disciplinas como karate, el judo y el Pilates actividades anaeróbicas que, por su misma naturaleza- intensos y por corto tiempo- recurren a los carbohidratos como su principal fuente de energía.
En síntesis, para disminuir el porcentaje de grasa se recomienda….
- Realizar ejercicio aeróbico de tres a cinco veces por semana, idealmente, durante 60 minutos por sesión. Si se va a iniciar un programa de ejercicio es importante incrementar el tiempo paulatinamente e iniciar con sesiones de 20 minutos de duración.
- Elegir el ejercicio que más se disfrute, siempre y cuando sea aeróbico.
- Tener paciencia. La pérdida de peso lenta y progresiva.
- Comer mejor. Si no se mejoran los hábitos alimenticios difícilmente se perderá peso.
Autor: Jorge Eduardo Garza Leal
Fuente: Revista Integratec del ITESM
enero-marzo 2007
Pág. 38 a 39